martes, 22 de febrero de 2011

Sebastián - Turbón

19 de febrero de 2011, El Turbón, Huesca

Hay momentos en la vida en los que se deben realizar cosas, que a ojos de otras personas pueden parecer pequeñas locuras o cosas insignificantes, hoy he realizado algo que tenía pendiente desde el año pasado, algo que sentía que le debía a alguien que se marchó de una forma muy cruel, tan cruel que no se marchó él, si no que nos lo arrebataron de las manos a todos los que le queríamos, en mi caso, como a mi otro hermano mayor. He realizado este viaje solo, con la esperanza de sentir de alguna forma su presencia y realizar un pequeño homenaje, insignificante para la mayoría, pero que me ha dado vida de una forma que no olvidaré nunca. Este viaje lo realicé con él y otros miembros de la familia hace años.

De lejos, llegando a Ribagorza, a la derecha queda el Turbón.

Ha pasado tiempo desde aquel 28 de abril de 2007, pero el aparcamiento está en el mismo lugar.

Inicio la subida como hace cuatro años, y en la misma rampa, me quedo atrás para hacer una foto, como os hice a ti y a los demás.

Esta vez el camino está algo más complicado, los pies pesan más al hundirse en la nieve, pero no me impide seguir adelante, nada me va a evitar llegar hasta el refugio del Turbón, después ya veremos si me atreveré a subir al Castillo del Turbón. Nadie ha pasado todavía y me toca dejar huella.

Supongo que la nieve y el frío de hoy hacen imposible que pueda ver la fauna del lugar.

Como cuando recorrimos el camino todos juntos y te paraste en este tramo con mi padre y conmigo para mirar con los prismáticos.

He bebido en la misma fuente donde bebisteis todos, tú detrás de mí, yo casi siempre iba unos metros por delante, aunque a ratos iba con vosotros, ahora lamento no haberte acompañado durante más tramos del recorrido.

¿Cuántas veces nos paramos a contemplar el valle que íbamos dejando a nuestras espaldas? No sé tú, pero yo lo he hecho muy a menudo, hoy no recuerdo el número de paradas para hacerlo.

Casi llegando al refugio, no recordaba exactamente donde estaba, la cantidad de nieve tampoco me ha dejado intuir su ubicación, pero he sentido algo que me ha empujado a realizar esta foto, sabía que estaba cerca.

En la llanura a los pies del Turbón, el refugio aparecía frente a mí. En el 2007 este tramo lo hice corriendo, el color verde me incitó a hacerlo. Esta vez no he podido, lo he intentado, pero algunas zonas con 30 o 40 cm me lo han puesto complicado.

Desde aquí esperé a que aparecieseis, no te separaste de tu familia en todo el camino y llegaste a su ritmo, que no era el tuyo. He cerrado los ojos con la ilusión de que aparecieseis.

Aquí hicimos la foto toda la familia, es increíble lo triste que parecía hoy el lugar, pero de alguna forma, sentía que había regresado a aquel día de abril y os veía frente a mí, mientras preparaba la cámara para la foto.

La puerta del refugio estaba cerrada, no hay demasiada gente en febrero por aquí. He entrado dentro, tal y como hicimos en el pasado.

Me he asomado al barranco para ver las montañas de la parte posterior, también lo hice en el pasado y he querido recordar la sensación, de nuevo caminando como podía, no corriendo como me habría gustado.

Recuerdo que te dije que me gustaría llegar a la cima, es un pico fácil, pero pronto he visto que sería muy complicado por la nevada de los días anteriores.

Lo he intentado, pero había demasiada nieve y zonas de hielo, y yo soy un simple aficionado, nada de montañero profesional. Ni raquetas, ni crampones para intentar subir en condiciones de seguridad. Un par de patinazos y un par de veces hundido en la nieve han sido suficientes para dejar el intento para otro día.

No son los palos artesanales que preparabas con tanto esmero, los míos son algo más modernos, nunca los había utilizado, pero hacerlo creo que me ha acercado algo más a ti. Me he sentado un rato a recordarte, con el valle de fondo. Creo que por fin descansaré un poco, desde que te fuiste sentía que debía recordarte aquí, pero me daba miedo hacerlo, por sentirme triste, en ese sentido, hoy me he sorprendido al ver aparecer la sonrisa en mi cara, creo que estabas conmigo, y de alguna forma, lo estarás cada vez que vaya a Huesca.

Para Sebastián. Chanito de Zaragoza.

Miguel Ángel



No hay comentarios:

Publicar un comentario